jueves 18 de diciembre de 2008

Valencia 32

Valencia 32

 

Me gusta su piercing leporino y ese extraño pelo naranja que a veces frisea con pequeñas coletas.

-          ¿Por qué me has traído aquí dos horas antes que a los demás?.

-          Anoche dormí con Olga, pero fue una noche extraña. Ella cantaba esa canción que tanto le gusta, "Aleluya", y me acariciaba. Pero había algo por aquí. Mira dentro de la mochila.

-          ¿Esa bolsa vacía estaba llena de las pastillas nuevas?. Entiendo que no pudiérais dormir.

-          Yo sí que dormí. Olga me despertó quinientas veces. Además por aquí hay muchas ratas.

-          ¿Cómo sabes que a mí no me dan miedo las ratas?

-          Por tus labios. No tienen marcas, no han temblado nunca. Nunca has tenido miedo. Por eso quiero follar contigo.

-          ¿Y por qué piensas que voy a dormir contigo esta noche?.

 

El local es pequeño y oscuro. Hay muchos ladrillos apelmazados y sacos de cemento. Me siento en un rincón y esparzo comida a mi alrededor. Las ratas aparecen y caen en la jaula que les tenía preparada. La del pelo naranja ríe. Nos besamos.

Después llega el resto de la gente. Ya no hay problemas para usar el baño, ya no hay ratas. Ya nadie va a confundir las rayas que hemos preparado con un matarratas. Son rayas de química. Puro placer.

-          ¿Confundir esto con un matarratas?, No blasfemes, dice riendo el del pelo largo.

-          Con esto no duermes hoy, añade.

-    ¿Lo dices por la droga o por tu polla?.

 Nos reimos a carcajadas. 

 Salgo del baño. Llevo en el bolso el sujetador. Busco a mi anfitriona.

-          ¿Cómo sabes que la primera vez que hice el amor se oían las ratas de fondo?.

-          Cuando tocas mi nuca veo muchos de tus mundos.

-          ¿Tú también has ido con el del pelo largo?.

-          ¿Recuerdas cuando estudiábamos química en el colegio?.

-          La valencia y el peso atómico.

-          Sé que tú tienes.

-          ¿Sabes lo que es?

-        Valencia 32. Mejor que la ketamina. Por eso quiero. Todo lo que puedas.

 Después, horas después, pasa su piercing por mi nuca, y su lengua y sus ojos. Pero yo no acompaño. Nadie, ni yo misma, sé cuándo me voy.

Días después suena el teléfono del chico del pelo largo. Tiene una canción: "Aleluya". Él aún está desnudo junto a nosotras. Llevamos así cientos de horas. Alguien le pregunta que dónde se mete. Él no puede ni hablar. Sonríe. Hunde su lengua en mi sexo. La del pelo naranja le acompaña.

Valencia 32. Voy a correrme una vez más.



  

miércoles 12 de noviembre de 2008

EL BAÑO DE DIOS (LA RUTA DE LOS BAÑOS, CAP.II)

El baño de Dios (La Fiesta)

 

Hemos acabado de hacer algo importante y lo vamos a celebrar. Llegamos M, E y yo al local sobre las seis de la tarde para preparar todo. El dia anterior había comprado unas 30 pastillas para invitar. No pensábamos que fuera a venir tanta gente como al final sucedió. Son navidades, el dia antes de nochebuena. Estamos colgando luces y preparando algunas bebidas. M y yo no nos hemos entendido muy bien. Ella ha comprado pastillas por su cuenta. Una docena. E también tiene otro montón. Esto es muy fuerte, pensamos. Decidimos que debemos empezar a tomar alguna. Nos agarramos del brazo como enamorados bebiendo champán. Antes de lo que pensamos llega la gente. Llega un grupo a tocar, llega otro. Todos traen drogas. Cristal, lsd, mitsubishis, rosadas, panteras rosas… El saludo es como los panteras negras. Pero cada puño encierra una pastilla que llevarse a la boca, una bolsita de la que chupar cristal, un dedo que relamer, un cartón impregnado que chupar.

El tiempo se detiene. Cuando sube la ola, cuando ejerce altamar, comienzo a tener mis placenteras visiones. Veo aviones en las vigas, veo estrellas que vuelan entre la gente. Veo luces debajo de cada piel. Todo se mueve más rápido que la luz y soy capaz de controlar cada movimiento del universo. Alguien me dice al oido “vaya fiesta que habéis montado, cabrones…” Miro a mi alrededor y veo que no cabe ni un alfiler. “Aquí no cabe ni dios”, me dice E. “Dios nos espera en el cuarto de baño”, susurra alguien muy cercano… Me coge de la mano y entramos al baño. Gente que se acaricia, gente que se abraza, gente que respira hondo y profundo… “Qué bien se está aquí”, “Mis pulmones son mayores que las nubes”, “Sopla sobre mi nuca”, “Chúpame el codo”… Apenas hay luz, mi piel se eriza…

Y otra vez esa hermosa sensación de no saber si soy hombre o mujer, si ese sexo protuberante y ardiente, extendido, duro, es mío o de él o de ella o de todos. Son tantas bocas, tantos labios que pasean por mi boca, tanto jugo que bebo de tantos sexos que me siento un ángel. Un ángel sin sexo, un ángel de trios, un ángel más allá de los ángeles.

Con alas que me acarician, con coronas que me penetran. Con pequeñas manos que me dan placer, con labios húmedos y calientes que se posan sobre mis ojos, mis pezones, mi pubis, mi culo, mis tobillos… “Sabes que te quiero”, escucho a caballo entre algún beso. “Sabes que yo a ti también”. “¿Algún dia haremos el amor?”, “Ya lo estamos haciendo”. Me gusta follar delante de otros.

Cuando salimos del baño la fiesta está en su apogeo. A está intentado cambiar un enchufe de sitio, la alargadera está sobrecargada. Yo lo intento ayudar, pero la mirada me tiembla. Deben ser las pastillas. Los labios también se mueven solos, las mandíbulas se baten como tiritando, pero el calor es abrasador. Sale vaho de la boca. No consigo encajar el enchufe. A tampoco. Así se queda entre risas cómplices.

A lo lejos, una chica ha cogido todas las luces de navidad y se ha envuelto en ellas. Baila. Apagamos el resto de la luz. Una llama roja, verde y azul envuelve la fiesta. Ella baila ausente, rítmica, acompasada. Acabo de leer que cerca del cero absoluto de temperatura (-273 grados), una astrofísica ha conseguido detener la luz. Nuestra bailarina también. Ella controla la luz del universo y sigue bailando, se acerca, nos besa. Todos nos besamos… ¡Dios, qué hermoso! ¡Dios, ahora sí que creemos en ti!. Nos inventamos una canción para estar abrazados:

Pim pom, pim pom, el cerebro en el cajón, la cabeza al corazón, escalón, escalón , que ya viene el subidón!.

Volvemos todos al baño. Esto no ha hecho más que empezar. Entonces recuerdo que me dijeron que dios estaba por aquí. No lo dudo y me permito susurrarle: “Dios, no te vayas nunca más de aquí, no abandones este rincón del universo, no te alejes más de aquí por tu bien, porque en verdad te digo que el resto de todas las cosas que creaste no merecen ya la pena!”.

¿Me escucharía aquella noche?.

Cuando comienza a amanecer, un ángel rubio se me acerca y pregunta: "¿Has probado alguna vez el éxtasis líquido?". Y sin tiempo a responder, vuelca sobre el envés de su mano unas gotas de un hermoso líquido azul... ¿Será un trozo del cielo de esta noche celestial?... 

"Quisiera que mi voz fuera tan fuerte que a veces retumbaran las montañas y escuchárais las mentes socialadormecidas las palabras de amor de mi garganta (...) Hay que dejar el camino social alquitranado, porque en él se nos quedan pegadas las pezuñas, hay que volar libre, al sol y al viento, repartiendo el amor que tengas dentro" (M. Chinato, Robe Iniesta)



domingo 2 de noviembre de 2008

EL BAÑO CM (LA RUTA DE LOS BAÑOS, CAP.1)

EL BAÑO CM

 

Somos carne de baño de bar. Nos gusta la intimidad que proporcionan, el rito ancestral de tocar en el hombro a alguien para que nos acompañe. Siempre son los mismos baños, los que ya conocemos, en los que estamos a gusto. El baño del CM, amplio, largo, gustoso. Siempre son los baños de chica, claro. Suelen ser mayores, estar más cuidados. Además, si tardas, en los de chicos golpean más fuerte la puerta. La envidia masculina, el saber que ahí dentro está pasando algo que querrían vivir pero no pueden…

No nos gustan las rayas. La cocaina pone a la gente aburrida. Nunca hemos tomado (bueno, sólo lo justo para saber que no nos gusta, que no es nuestro mundo)… Lo nuestro es otro rollo. Llegar al baño, abrir la bolsa, mojar los dedos, apagar las luces… Y dejar que los cuerpos se desdoblen. Nos gusta besarnos, nos gusta acariciarnos, nos gusta chuparnos… La del pelo rojo nos ofrece su pecho. Hundimos las lenguas en él. Alguien desabrocha mi pantalón. Toca mis rodillas y luego mi culo. Yo también me arrodillo. La del pelo rubio se acerca al baño y comienza a orinar. Alguien abre una nueva bolsa y ya no sabemos donde poner nuestras lenguas.

-          Chúpaselo a ella también, quiero ver cómo lo haces…

 

Yo sigo mirando en el baño a la del pelo rubio. Miro hacia atrás a un chico desnudo y le pongo cristal en la punta de su sexo.

 

-Esta bolsa hay que acabarla antes de salir de aquí, digo.

 

Entonces el tiempo se dilata, y el que ha venido del frío dice que tiene ketamina.

El espacio se curva sobre sí mismo. Las manos turgentes acarician desde otra dimensión, allá abajo, lejanas aunque igual que gustosas. Mi boca acaricia muchas bocas, muchos pechos, muchos sexos.

 

Cuando abrimos el baño, el bar ya ha cerrado. Nadie nos ha molestado en nuestro bienestar.

 

- Jincho, amigos, qué bien nos conocéis en este barrio amigo… Cómo sabéis de nuestra paz y nuestra tranquilidad cuando nos sumergimos en este baño...



sábado 25 de octubre de 2008

LA OLA

La ola.

Él está hecho de música y viene hacia mí feliz porque hace un tiempo le pedí algo y ahora sabe cómo suministrarlo.

-          Querías una rula, ¿verdad?. Éste es D. 

D. tiene nariz aguileña, la cara afilada, las orejas bien taladradas. D. Es condenadamente guapo.

-          ¿Cómo sé que son buenas?.

-          Si la pruebas no me vas a olvidar en mucho tiempo.

-          Espero que sea así.

-          Vas a desear volver a verme pronto, vas a conocer lo que es una marea. 

Pasan las primeras olas y pienso en principio que para d. La marea es simple surfear. Me decepciono. Durante horas todo es como de habitual: las nubes quedan en los tobillos y las luces bailan coreografías que ni el más arriesgado bailarín se atrevería a completar.

Llegamos a las sábanas pasadas las treinta y cinco y a las treinta y ocho empieza el reflujo.

-          ¿ Qué me pasa?

-          No sé, te miro a la cara y me da miedo, tío.

-          Tu cara también me impresiona, pero estoy bien, muy bien, como nunca.

-          ¿Mi cara está extraña?. Yo me encuentro doble ración de bien. 

Entonces ya no da tiempo a hablar más. Viene la gran ola que anticipa la gran marea. El labio superior empieza a ondularse y tira de los cerrados ojos que, ahora, ven como nunca.

La respiración se hace rápida como el viento, aunque sus ráfagas no llegan a los pulmones. Pasan de largo, juegan fuerte y ponen la vida difícil. Pero por esta marea merece la pena arriesgarse.

-          d. Tenía toda la razón, bendito sea, (murmuro o pienso, no sé).

-          Yo también quiero conocer a d. 

No puedo responder. La marea me lleva de nuevo. Los brazos se levantan solos, las manos se agitan como las teclas de un taquígrafo. El corazón se hace pequeño como una nuez y se para y acelera y se para y acelera escupiendo sangre. Parece un borracho vomitando, sin ritmo ni ganas. Pero desenfrenado. El torax retumba como si llevara una máquina de escribir dentro. O una bomba atómica. Los pulmones no existen, y en este vacío los abdominales se contraen y ondulan. Como olas rebotando en un acantilado. Como el mar luchando contra el malecón.

Ya es tiempo de que todo pase. Por otras experiencias ya debe empezar a bajar. Ha sido fuerte, muy fuerte. Gracias a Dios en la fuerza está el placer, y ha sido más fuerte que nunca. Pero ya debe desistir.

-          ¿ Te imaginas que esto no acabe aquí?

-          Una de las olas me ha llevado hasta un antiguo sueño tuyo. Había ciento de tsunamis gigantescos, grandiosos muros de agua que llegaban sin parar. Toda la gente huía. La mayoría moría. Bueno, en realidad morían todos los que estaban al alcance de mi vista. Tú eras el único que seguía bañándose, porque en mi sueño tú eras hombre. Se oyó un gran rugido y una ola que se alzaba hasta el infinito empezó a vislumbrarse por el fondo. Los pocos que aún sobrevivían comenzaron a llorar y se tiraron al suelo dándose por vencidos. Tú me miraste y dijiste: "el vapor". Yo no sabía qué querías decir. Insististe: "el vapor". Sabes que hablo a bajo volumen. Me agobiaba el que no pudieras oirme, ahogada mi escasa voz por el trueno de la gran ola. Pero tú oías mi miedo. "El secreto, para ti, está en el vapor". La ola estaba cerca, muy cerca. "Puedes flotar entre el vapor de agua que genera la cresta. Puedes volar, sólo falta que quieras hacerlo". Entonces me elevé por encima del gigante de agua y ví un mundo nuevo, que nunca acababa, un mundo extenso, vastísimo, de agua, luz, espuma y cristal, y ví tú silueta buceando durante horas en un slalom potente y perfecto.

-          ¿Te imaginas que esto no acabe aquí?

-          Estoy segura de que esto, ya, no acaba aquí. 

Es cierto. Ahora sí que viene la gran marea. Nos dejamos llevar y bebemos del agua inexistente, de sus minerales y sus galaxias.

Esta sí que es la marea, la auténtica marea que anticipó D.

Deconstruimos la gravedad y la lógica, la moral y la prisión.

Deconstruimos el lenguaje y la visión, el tacto y el sexo.

Nunca se nos coló nadie con tanta fuerza.

Pasan horas de varias vueltas el sol, frenéticas e inciertas.

 Deben de ser más de las cincuenta, o de las quinientas. Es imposible evaluar o referenciar.

Abro los ojos.

-          ¡Dios, que otra ola me lleve pronto hasta el reino de D!.



lunes 20 de octubre de 2008

X

X

Entonces no pasa nada. Estamos todos quietos y dejamos de conocernos, así es mejor, estamos más  a gusto, más relajados, más unidos. Pasan horas o días y cuando pasa dejamos de vernos, es imposible ser más, ya todos nos sobramos el uno al otro, hemos sido infinitos y siempre nos recordaremos. Pero es necesario que no volvamos a vernos nunca más. No nos apetece, y si algún día nos encontramos casualmente en la calle o en el súper o en el metro, cuidado, las balas se agotan, ya sólo queda por probar la i griega y la ceta.



jueves 16 de octubre de 2008

LOS TRES MIEDOS

LOS TRES MIEDOS.

 Miedo1

-         ¿Quién ha tocado todas mis cosas?

-         Pregúntate más bien quién te hizo mudar el pelo.

-         Eso qué importancia tiene.

-         Toda la del mundo. Creí en ti cuando toqué tu pelo lacio. Ahora ya no eres el mismo. Ahora vendes mis recuerdos. Ahora ya no estás.

-         Podías haber esperado un poco más, haber dado una oportunidad, ofrecer paciencia.

-         Me das lástima: ya no eres capaz ni de abrir los brazos.

 Miedo2

Alguien vino en cierta ocasión a proponerme una tentadora oferta: viajar a la velocidad de la luz.

Me comentó que tenían a mi disposición una nave con todos los elementos disponibles para alcanzar en menos de diez segundos la velocidad c.

Garantizaban que el viaje duraría al menos setenta años. Durante todo este tiempo resultaría imposible que mi organismo fallara: no enfermaría, no me deprimiría, casi no envejecería y, por supuesto, en ningún caso moriría.

Después todo dependería de mis fuerzas.

En esos setenta años llegaría a sitios inimaginables. Un tercio antes del total del viaje ya habría sobrepasado Vega y Alfa Centauri. Conocería mundos insospechados, soles y planetas escondidos. Quien sabe si alguna civilización o al menos vida. Todas las posibilidades estaban abiertas.

Además si la ciencia ya había conseguido avanzar hasta hacer realidad este impensable sueño, ¿por qué dudar de que durante mi periplo conseguirían desentrañar el misterio para poder ir aún más rápido que la luz y así poder llegar a sitios aún más impensables?. Incluso podría soñar con la inmortalidad.

Sólo había un pero.

No era un viaje de ida y vuelta.

Era un viaje sólo de ida.

 Miedo3

-         La figura de la que te hablo lleva un abrigo largo y tú tienes nostalgia en la mirada. Yo sostengo una espada que no sé para qué sirve y tú te tiras al suelo y te enroscas como un escarabajo pelotero.

-         Yo sé que tengo que probar. Es un juego complicado. Es el juego de lo perdido, el juego de la segunda vuelta sin haber terminado la primera. Es lo más próximo a la muerte que existe. Casi nadie lo prueba. Casi nadie se lanza. A decir verdad no conocemos a nadie que se haya atrevido a practicarlo. Todo son renuncias. Pero yo voy. Yo juego. Yo tengo miedo.

-         ¿Sientes algo?.

 Hubo un largo silencio. Después respondí.

-         No, todavía no.



 

  

martes 14 de octubre de 2008

ROSADAS

Rosadas

 Persiguiendo la hilera de cadáveres vivos hasta la otra punta del sofá empieza todo a moverse. No podría decir cuánto tiempo hace que sumergí la cabeza entre los hombros. Quizás un segundo, quizás un milenio. Difícil, lo más probable es que el tiempo se curvó cerca de mi gravedad.

Si hay alguien que se mueve es complicado averiguarlo. Más complicado aún saber quién es y qué estelas deja. Cuando todos están acabados y se creen en la máxima entropía, yo, por fin, rosada, veo y consigo descifrar todas las estelas ¿por qué dibujan figuras geométricas?.

 De repente todo se para.

-          ¿Yo a tí te conozco, no?, pregunto.

-          ¡Qué tía, creía que de esta no te recuperabas!



miércoles 8 de octubre de 2008

RESPIRANDO EL MUNDO

respirando el mundo

 Justo cuando volvía a casa alguien me pidió que le dejara la mano.

-          Tenéis que respirar profundo, mirar al cielo con la respiración contenida y soltar todo el aire contra el suelo. Después hay que esperar el rebote del aire y atraparlo cuando suba.

 Somos cinco sobre una alcantarilla. Seguimos las indicaciones con escrúpulo y a la segunda inhalación ya sé que esta noche vamos a respirar el mundo.

Llega Alberto con sus lunas y vacío sus existencias.

-          Dios, qué bestia eres, me dice quien más admiro.

 E-uno baila conmigo. Pero no es un baile normal. Sólo nos tocamos la mano, las palmas apenas. Ni siquiera entrecuzar los dedos. Quizás no haya contacto, pero bailamos, dios, cómo bailamos.

Luego dormimos. E-dos sigue con su camiseta negra. Bicos ya no está. Abrazo a alguien y duermo. Me oigo respirar profundamente, un minuto, dos minutos, cinco minutos inhalando aire.

Luego todo sale lento y los pulmones se paran.

Se paran los pulmones, se para el corazón. Debo haberme muerto por lo menos veinte veces.

E-uno abre los ojos y sonríe.

-          Respirar así el mundo me hace creer que dios es bueno.

-          El que es bueno de verdad es Alberto. 

Entonces oigo una voz por detrás que dice: " y ahora te toca probar estas cápsulas".



domingo 5 de octubre de 2008

POOL 50

Pool 50

Primero es el sueño. Lo hueles o lo sorbes, es igual. Primero es el sueño. Miento. Antes que el sueño es el ralentizado. Da calor, calor como el fuego de la chimenea, y todo el ritmo se acelera para ser más lento. Como el truco del cine, si quieres grabar a cámara lenta la película tiene que pasar al doble de velocidad. Luego ya es el sueño, y al despertar es la paz. Cuando decrece el ritmo y todo se desacelera a cámara lenta, ya es el frío. Pero se aguanta y se mira más y se ven los ritmos entrecruzarse y eso ayuda a no perder nunca el compás.


martes 30 de septiembre de 2008

La memoria de los Ángeles

LA MEMORIA DE LOS ÁNGELES

Estamos en la playa. Hace el sol de invierno. La arena es inmensa y el mar refleja y mejora el cielo.

-          Ahora me apetece.

-          Calcula bien. Llevas dos días sólo con agua. No has probado bocado desde el martes. Nada va a frenarla, y es potente.

-          Necesito lucidez.

Atardece rápido. La playa se hermosea.

-          ¿Te acuerdas del tiempo de los ángeles?, pregunta una voz inexistente.

El sol arde en naranja. Está orondo y su luz es tan flamígera que parece un puro brillante. Supera con creces los diez mil grados kelvin. Busco mi compañía. Está allí, sin hablar. Por suerte había dos memorex y no hubo que compartir.

-          Recuerdo el tiempo en que yo pensaba que él era un ángel.

-          ¿Aún no sabes lo que eres tú?.

-          No. Si soy algo más que ser, lo descubriré cuando muera.

-          ¿Y qué piensas de él?.

-          Borré su número de mi móvil. Lo ví una noche untándose vinagre en la espalda para fingir que estaba enfermo, y luego lo ví sentado en un trono. Ahí era feliz mientras todo el mundo lo adulaba. Yo me iba discretamente, cerraba la puerta sin hacer ruido. Él salía corriendo detrás mía y me agarraba por la espalda y me decía lo que siempre me ha dicho: "no, no es verdad, yo no soy así, yo no soy así".

 -          Oye, le digo a mi compañía. Yo te soñé una vez en un mundo de ángeles. Tú ibas vestida de blanco. Aunque se suponía que eras uno de ellos, yo sabía que tú sólo estabas allí observando y disimulando para que no te descubrieran.

 -          Me infundíais pánico.

-          También te daban miedo estos trozos de nube.

-          Pero tú estás cercano, ahora creo en ti.

El sol marca un sendero naranja sobre el mar. Vienen dos figuras negras hacia mí. "Hola". Soy yo mismo y el otro ángel.

-  ¿Aún no sabes qué pasa?, me pregunta mi otro yo desde el agua.